En busca de signos

En esta ocasión Jesús reclama la actitud de algunos que se acercan para pedir signos particulares, andan en la rebusca de fenómenos extraordinarios para poder dar crédito a su palabra, buscan quien satisfaga su curiosidad, casi parece sarcástica la petición puesto que parecen pedirle algo que no puede hacer, sin embargo si nosotros volvemos páginas atrás podemos constatar los diversos  milagros de curación y la expulsión de demonios, por tanto, venir ahora a pedir signos, es una necedad, bien lo dice el dicho popular “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. San Juan Crisóstomo por eso dirá que «no le preguntaban para creer, sino para apresarlo» y es que a penas unos versículos atrás en el mismo evangelio de san Lucas ha habido una discusión en torno a los signos del Señor.

Con cada uno de los gestos que realiza Jesús anuncia una palabra, proclama la Buena Nueva, llama a la conversión del corazón. Jesús no es simplemente un taumaturgo, un hacedor de milagros o fenómenos grandiosos, es algo más, es el Mesías de Dios, el Redentor, el Ungido que ha venido al mundo para nuestro salvación. Cristo Jesús no da “pan y circo”, comida y diversión, Jesús a venido para darnos vida y vida en abundancia. Aquellos que con un corazón sencillo y humilde le siguen saben descubrir quien camina con ellos, aquellos que van bajo la duda y la sospecha, que van como justicieros, que van como quien se encuentra alto en un pilar mientras los otros son una bola de ignorante y pecadores, viven bajo el sesgo de su soberbia y se cierran al amor que transforma la vida.

Nosotros hemos de guardarnos de no adquirir estas actitudes farisaicas que estaban invadiendo la mente de diversas personas, quizás no lo digamos explícitamente pero podemos hacerlo de otros modos, como cuando quizás andamos sólo de evento en evento católico, pero no hay un serio compromiso bautismal de conversión, no hay perseverancia en un plan de vida espiritual, por ej. podríamos ir del desayuno católico con fulano, al almuerzo con los hermanos de un grupo por el día del amor y la amistad (o navidad, o festejo de cumpleaños), luego vamos a la tarde de alabanza, o a la hora santa donde cantará “X” o “Y” grupo y frecuento la Misa sólo en “X” iglesia porque sólo ahí el padre predica como a mí me gusta, pero cuando se pregunta si esta persona está frecuentando su pequeña comunidad, se nos dice que tiene “tantos meses de no ir”, no se confiesa frecuentemente, falta a la Misa dominical por irse a la playa de paseo excusando diciendo “es que de algo me tuvo que valer haber ido al bingo”, su familia nunca ve a esta persona, en su trabajo vive peleado con todos, ve un templo donde está Jesús en el sagrario y no se detiene porque el silencio “le parece aburrido”, y resume su vida diciendo “es que ahí no siento la presencia de Dios” y reduce la experiencia de Dios al sentimiento y deja de vivir de la fe para vivir de su sensibilidad.

Se olvida que hay un signo de Cristo en el pobre que tiene al lado, en el padre o madre anciano que anhela su visita, en el esposo o esposa que experimenta su ausencia en el hogar, en los hijos que el Señor le ha dado para ejercer su vocación de servicio, en el trabajo cotidiano que desempeñado con diligencia es signo de la presencia de Dios en el mundo.

¿Sé vivir todavía de la fe operante o vivo buscando signos extraordinarios que satisfagan el afán de sensacionalismo?

Jesús ante esta actitud aclara que no se les dará más signo que el de Jonás. La expresión ha sido leída en la tradición de la Iglesia desde la óptica de la predicación invitando a la conversión así como la resurrección al tercer día. Es la gloria del Resucitado la que da testimonio de la veracidad de sus palabras, se ha cumplido todo lo que ha dicho.

San Pedro Crisólogo escribiría:

“…sale de las profundidades del mar un monstruo, un gran pez se acerca que tiene que cumplir y manifestar la resurrección del Señor, o mejor dicho, engendrar este misterio. He aquí un monstruo, imagen terrorífica del infierno, que con sus fauces abiertos se lanza sobre el profeta, saborea y asimila el poder de su creador, y devorándolo come su propia incapacidad de engullir ya nunca más a nadie. La estancia en sus entrañas prepara la estancia del visitante de arriba: así, lo que había sido causa de desdicha se transforma en embarcación inconcebible de una travesía necesaria, guardando a su pasajero. Y después de tres días lo devuelve a la luz, para darlo a los paganos… Este es el signo, el único signo, que Cristo consintió a dar a los escribas y en Fariseos (Mt 12,39), con el fin de darles a entender que la gloria que ellos mismos esperaban de Cristo iba a volverse también hacia los paganos: Los Ninivitas son el símbolo de las naciones que creyeron en él… ¡Qué felicidad para nosotros, hermanos! Lo que ha sido anunciado y prometido simbólicamente, es en realidad y con toda verdad, lo que veneramos, lo que vemos y poseemos.

Por la maldad de sus enemigos, Cristo fue sumergido en las profundidades del caos del infierno; durante tres días ha recorrido todos sus rincones (1P 3,19) . Y cuando resucitó manifestó la crueldad de sus enemigos, la propia grandeza y su triunfo sobre la muerte.

Será, pues, justo que los habitantes de Nínive se levantaran el día del juicio para condenar a esta generación, porque ellos se convirtieron por la proclamación de un solo profeta naufragado, extranjero, desconocido, mientras que la gente de esta generación, después de tantas obras admirables y prodigios, con todo el esplendor de la resurrección, no llegaron a acoger la fe ni se convirtieron. Han rechazado creer en el signo mismo de la resurrección.” 

San Pedro Crisólogo, Sermón 37 : PL 52, 303-306.

Al contemplar las maravillas que Cristo ha manifestado y que continúa a hacer presentes a través de su Iglesia, ¿qué más hace falta para que nos decidamos por Él? ¿Qué más tiene que hacer Dios por ti para que finalmente le crees? ¿Quieres fama, dinero, poder… Acaso no te das cuenta que eres más grande que todo eso?

La resurrección de Cristo en la pascua te anuncia que la vida nueva no es meramente humana sino una participación en la vida divina, que está vida se ha hecho posible a todos los hombres por la fe.

Hermanos, volvamonos al Señor, entremos en su voluntad y descubramos el tesoro de aquel que dijo “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”

IMG: Icono de «Jonás tragado por el cetáceo» de Juliet Venter

Lecturas:

Jon 3, 1-10. Los ninivitas habían abandonado el mal camino
Sal 50. Un corazón quebrantado y humillado, Oh Dios, Tú no lo desprecias
Lc 11, 29-32. A esta generación no se le dará otro signo que el signo de Jonás