Camino del Éxodo XVI

La nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor la llenó

Lectura del libro del Exodo (Ex 40, 16-21.34-38)

En aquellos días, Moisés hizo todo conforme a lo que el Señor le había mandado. El día uno del mes primero del segundo año fue erigida la Morada. Moisés erigió la Morada, colocó las basas, puso los tablones con sus travesaños y plantó las columnas; montó la tienda sobre la Morada y puso la cubierta sobre la tienda; como el Señor se lo había mandado a Moisés.

Luego colocó el Testimonio en el Arca, sujetó los varales al Arca y puso el propiciatorio encima del Arca. Después trasladó el Arca a la Morada, puso el velo de separación para cubrir el Arca del Testimonio; como el Señor había mandado a Moisés. Entonces la nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada. Moisés no pudo entrar en la Tienda del Encuentro, porque la nube moraba sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.

Cuando la nube se alzaba de la Morada, los hijos de Israel levantaban el campamento, en todas las etapas. Pero cuando la nube no se alzaba, ellos esperaban hasta que se alzase. De día la nube del Señor se posaba sobre la Morada, y de noche el fuego, en todas sus etapas, a la vista de toda la casa de Israel.

Meditación

El libro del éxodo concluye centrándose en el la tienda del encuentro, todo se prepara para el culto divino, los últimos capítulos abarcan justamente los detalles de todo lo que se contenía en cuanto objetos sagrados, sin embargo el final es propiamente lo impresionante, Dios mismo viene a habitar en medio de su Pueblo.

La nube y el fuego simbolizan la presencia de Dios, recordemos que en el modo de acampar de los israelitas la centralidad la ocupaba esta Tienda en la que Dios se hacía presente y desde la cual marcaba el paso. Uno se maravilla al contemplar la bondad y misericordia divinas si tiene en cuenta el punto de partida.

El libro segundo libro de al Sagrada Escritura comenzó con los israelitas esclavizados, tratados duramente, viviendo un amarga servidumbre y clamando al cielo el auxilio divino. Todos los acontecimientos que se produjeron hasta llegar aquí dan cuenta de como su situación cambió, fueron liberados y contemplaron la cercanía del Dios de sus padres. El Señor camina con ellos, habita en medio de ellos, a cada paso del viaje les custodia, les anima, les corrige y les ama.

Al contemplar esta escena y recordar el prologo de Juan que dice “El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros” el corazón debería de llenarse de profunda alegría, porque si ya era bastante que en modo aun misterioso y velado Dios se manifestara a su Pueblo caminando con ellos, en la plenitud de los tiempos Jesucristo nos revela su amor profundo ya que siendo el Hijo del eterno Padre asumió nuestra naturaleza humana, Él se nos ha manifestado y ahora no sólo va con nosotros sino como uno de nosotros para lleguemos a ser como Él. Es más Dios mismo por las aguas del Bautismo ha venido a habitar en nuestros corazones, ya no mora en una tienda sino en nosotros, y desde ahí busca llegar a toda la humanidad.

Ciertamente el libro del éxodo no concluye el peregrinaje hacia la tierra prometida y de alguna manera también esto es sugestivo, vamos nosotros también en este mundo como caminantes y el Señor va con nosotros y en nosotros, por lo que hemos de sentirnos cada vez más comprometidos a ser fieles a la alianza de amor que fue sellada con la Sangre de Cristo y por la cual fuimos hechos coherederos de la gloria. Pero si bien cierto que Dios habita en nosotros es mucho más cierto que nosotros somos los que vivimos y nos movemos en Él ¡Misterio asombroso! y este habitar en Él llegará a su plenitud cuando finalmente estemos unidos en un abrazo eterno de amor en el Cielo, que es la verdadera tierra prometida, es la comunión y alabanza íntima, profunda, dulce, tierna, fuerte y eterna con nuestro Dios Uno y Trino.

«¡Qué deseables son tus moradas! Mi alma se consume y anhela llegar a los atrios del Señor, es decir, desea llegar a la Jerusalén del cielo, la gran ciudad del Dios vivo. (…) ¿Quién no anhelará penetrar en tu tabernáculo si son dichosos los que viven en tu casa? (…) Y cuando dice aquí dichosos ya se sobrentiende que tienen tanta dicha cuanta el hombre es capaz de concebir. Por ello, son dichosos los que habitan en sus atrios, porque alaban a Dios con un amor totalmente definitivo, que durará por los siglos de los siglos, es decir, eternamente; y no podrían alabar eternamente, si no fueran eternamente dichosos. Esta dicha nadie puede alcanzarla por sus propias fuerzas, aunque posea ya la esperanza, la fe y el amor; únicamente la logra el hombre dichoso que encuentra en ti su fuerza, y con ella dispone su corazón para que llegue a esta suprema felicidad. Que es lo mismo que decir: únicamente alcanza esta suprema dicha aquel que, después de ejercitarse en las diversas virtudes y buenas obras, recibe además el auxilio de la gracia divina; pues por sí mismo nadie puede llegar a esta suprema felicidad» (San Bruno, Expositio in Psalmos 83).

Que el Señor nos conceda la gracia en este día de saber vivir según esta vocación altísima a la patria celeste.

IMG: Ilustración de la Biblia Holman 1890