La tentación de regresar…

Luego de un par de meses de haber sido liberados de la esclavitud del faraón los israelitas comienzan a manifestar los signos de una vida acostumbrada a la situación del pasado. No era de extrañarse que en algún momento surgieran algunas inquietudes en medio de la travesía, particularmente a causa de la escasez de los suministros básicos con los cuáles pudieran haber partido, sin embargo, estos sentimientos deberían haber sido atenuados por la experiencia que había hecho en su liberación, Dios que había abierto en dos el mar rojo y vencido a sus enemigos ¿acaso no sería capaz de guiarles con seguridad a dónde Él les había convocado?

A esto hemos de agregar la consideración de qué es lo que extrañan los israelitas, no están hablando de nada básico sino que añoran “las ollas de carne” de alguna manera reflejo de gustos particulares, olvidándose de la situación opresiva de esclavitud que vivían, es más, el texto de la Escritura dirá que “murmuraron contra el Señor” esto será un tema un tanto recurrente, cuando cuestionan a Moisés y Aarón en el fondo no dirigen ninguna acción particular contra ellos sino contra Aquel que les envió. El pueblo no se limitó a manifestar una necesidad que podrían haber tenido, sino que criticaron duramente e incluso añoraron volver a su situación pasada de la que el Señor les había liberado.

Esto es justamente lo que sucede al hombre que habiendo entrado en el buen combate de la fe pierde de vista la memoria de lo que Dios ha hecho por él, comienza a añorar su pasado, la vista en vez de alzarse ante un horizonte que se eleva lleno de libertad y múltiples posibilidades se retrae y se estima más la situación de amargura anterior pensando solamente en las “alegrías” efímeras que se tenían.

“Aunque todo esto sucedió en figura en aquel pueblo, no obstante vemos que la realidad se cumple a diario en nuestra vida y profesión. Cualquiera que, habiendo renunciado al mundo, vuelve a sus gustos y tendencias pasadas, yendo otra vez en pos de sus deseos y apetitos, repite tácitamente con sus obras y pensamientos lo que dijeron entonces los israelitas: Mucho mejor me iba a mí en Egipto…De nada, pues, nos servirá una renuncia corporal y local. Significaría tanto como salir de Egipto sólo exteriormente. Es preciso asociar la renuncia del corazón, que es la más elevada de las dos y, ciertamente, la más útil y esencial” Juan Casiano, Colaciones, 3,7

Medita ¿en qué ocasiones se ha manifestado el deseo de los “ajos y cebollas” y “ollas de carne” en Egipto? (cuando estoy enojado, aburrido, triste, frustrado, ansioso, estresado) ¿Qué son esas cosas que a veces añoro de una vida pasada de pecado? (malas compañías, placeres desordenados, alcohol, dinero, fama, etc.) Examinemos nuestras “murmuraciones” contra el Señor que se manifiestan a través de un ánimo quejumbroso ¿Qué manifiestan esas quejas de mí? (un ánimo triste, insatisfecho, débil, soberbia, vanidad) ¿por qué estoy insatisfecho? (las cosas no salen como quiero, cuando quiero, ni en la medida que quiero, me miro sólo a mí mismo y mis proyectos, etc.) Andando en los caminos del Señor ¿alguna vez te ha faltado algo? (nunca) ¿Cómo has visto que se cumple su Palabra en ti? (en las bendiciones recibidas, en la serenidad y paz en medio de la dificultad, en un milagro, en una reconciliación inesperada, en un gesto de misericordia de otro, etc.)

Ante la situación que vivían los israelitas, Dios, infinito en Misericordia, busca aliviarles y provee el maná. Él no se ha desentendido de su Pueblo. Camina con Él. Da lo que se necesita a cada paso del viaje. Busca purificar su corazón de aquellos apegos desordenados. El maná sabemos que es una figura del mismo Cristo Jesús. El maná según nos testimonia la Sagrada Escritura tiene ciertas características:

  1. Es don de Dios, nadie lo ha sembrado y cultivado, el Señor provee gratuitamente a todos
  2. Satisface la necesidad de todos y cada uno, los israelita se saciaron con ese pan
  3. Se da a cada uno lo justo para cada día y siempre llega según lo indicado por Dios, por lo que fomenta la confianza en Él
  4. Es alimento para el camino, se les dio mientras iban peregrinos a la tierra prometida
  5. El libro de la sabiduría nos testimonia que es llamado “pan de ángeles” porque, así como ellos seres espirituales son colmados por Dios al estar en su presencia, también este alimento nutría el espíritu de los que buscaban vivir en la presencia de Dios
  6. A cada uno se le convertía en aquello de lo que más gustaba, por eso se dice que concede “todo consuelo”

Estas mismas características la podemos ver en la Palabra y en la Santísima Eucaristía que son los dones en los que Jesús se nos da como nuevo pan de vida según nos dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”. De ahí que al meditar en este santo alimento del cual podemos afirmar ciertas características también podamos considerar los frutos que se producen en nosotros, según el Catecismo de la Iglesia:

  1. Acrecienta nuestra unión con Cristo
  2. Conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo
  3. Nos separa del pecado
  4. Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales
  5. No preserva del pecado mortal
  6. Nos une más estrechamente entre los hermanos
  7. Nos mueve a la solidaridad con los pobres

Considera hoy ¿en qué ocasiones recuerdas has descubierto a Cristo como el verdadero pan de vida? ¿cómo se ha presentado para ti como compañero de viaje rumbo a la tierra prometida? ¿Cuál es tu experiencia del trato con Jesús Eucaristía (sea en la santa Misa, al momento de comulgar o en la adoración Eucarística)? (consuelos espirituales como alegría y entusiasmo, iluminación sobre algún punto difícil, nuevos ánimos para enfrentar las propias debilidades, deseos de practicar la solidaridad fraterna con el necesitado, una resolución más firme para actuar en pos de una buena causa, serenidad en la prueba, etc.)

Que el Señor nos conceda la gracia en este día de saber descubrir en nuestra participación en la Santa Misa el gran acontecimiento de salvación que atestiguamos, el pan vivo bajado del Cielo se nos da como alimento de vida eterna para que vayamos y demos frutos de amor para gloria y alabanza de Dios.

• Ex 16, 2-4.12-15. Haré llover pan del cielo para vosotros.

• Sal 77. El Señor les dio pan del cielo.

• Ef 4, 17.20-24. Revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios.

• Jn 6, 24-35. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed.

IMG: «Los judíos recogen el maná» de Nicolás Poussin