Nuestra Señora del Pilar

Al celebrar una memoria como la de Nuestra Señora del Pilar recordamos como María santísima cumple su función maternal respecto a la Iglesia con gran y tierno amor. La Tradición nos comenta como se apareció en un pilarsito a Santiago el Mayor para reanimarlo mientras este predicaba el Evangelio en España. De alguna manera estos sentimientos son los que evoca la oración colecta del día, en ella el sacerdote pide para todos los fieles: una fe fuerte, una esperanza segura y una caridad constante. La fortaleza de la fe ayuda al cristiano a resistir ante las adversidades y los ataques del enemigo así como también le mueve a perseverar en la búsqueda del bien aunque este sea difícil de alcanzar; una esperanza segura es tener claro que nuestra meta es la patria celeste, una vida según los valores del Reino, nuestra mirada es elevada en busca de los bienes del cielo el máximo de ellos la visión misma de Dios en quien nos gozaremos eternamente; una caridad constante evoca en nosotros el proposito de procurar el bien en toda ocasión al prójimo y todo dirigirlo para gloria y alabanza de la Trinidad beatísima, caridad viene de «caro» en latín que significa algo de alto valor, y no hay nada que posea más valor que el amor.

En este sentido las lecturas del día son luminosas, porque al contemplar la entrada del arca en el libro de las crónicas, recordamos que en ella se contenían: las tablas de la ley, el bastón de Aaron y el maná. Es decir en ella estaba la palabra que Dios había dado a su Pueblo, el instrumento caracterizó al Sumo Sacerdote antiguo y el pan del cielo que fue ha dado a los israelitas para el camino. María santísima es llamada en este sentido el Arca de la Nueva Alianza porque en ella habitó Jesús, pues llevó en su vientre a la Palabra de Dios hecha carne, al Sumo y Eterno Sacerdote que ofreció el único y eterno sacrificio, al mismísimo Pan de Vida Eterna.

La Bienaventuranza que se proclama en el Evangelio nos lleva a ver que la puerta de entrada a semejante bendición fue su fe, la mayor dicha de María fue haber creído, pues por su fe llego el Mesías Salvador, por su fe la historia de la salvación llega a su culmen, por su fe la humanidad entera habría de ser redimida. En esta fe nosotros también como hijos suyos vamos aprendiendo a entrar en la voluntad de Dios, aún en medio de las dificultades, ella como Arca de la Nueva Alianza nos indica que no vamos solos contamos con ella nuestro refugio y consuelo, su presencia nos ánima, su intercesión nos fortalece, su ejemplo nos motiva, en el Pilar de Zaragoza, nuestra Buena Madre nos recuerda que no hemos de desfallecer sino perseverar, animados por la fe, la esperanza y la caridad.

«Pues quien cree, espera y ama cosas distintas a las que creen, esperan y aman los fieles, necesariamente vive de otro modo. Y aunque el uso de determinadas cosas parezca semejante en nosotros que en los paganos, no obstante estamos muy lejos de usarles del mismo modo. Ya que nosotros referimos el uso de esas cosas a otro fin, dando gracias por ellas al Dios de quien no creemos nada falso ni perverso. Y no referimos dichas cosas al mismo fin que ellos, sino al fin del amor que brota de un corazón limpio, de una buena ciencia y de una fe sincera (1 Tim 1, 5) según el legítimo mandamiento divino» Guillermo de Saint-Thierry, Espejo de la fe, 1, 5