Buen Pastor

San Pablo y Bernabé en la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos muestran la solicitud de aquel que movido por el Espíritu Santo va en misión y anuncia la Buena Nueva de salvación, ellos fieles al mandato de Cristo como apóstoles suyos no dudan en dirigirse a lejanas tierras, en medio de incompresiones y persecuciones, incluso de parte de aquellos que deberían estar más receptivos a acoger el don de la fe, tal y como se les enseñó primero predican a los judíos, al cerrarse estos al anuncio de Cristo, se dirigen a los paganos mostrándonos como el Señor ha venido para salvar a todos los hombres, esta perseverancia y tenacidad de los apóstoles en medio de los más duros tormentos y críticas nos hace recordar que ellos son los continuadores de la misión de Cristo, que como Buen Pastor va en busca de todas sus ovejas para reunirlas en un solo rebaño, va y las apacienta, cuida de ellas, las cura si están heridas, les consuela si afligidas, les conduce por los senderos de la vida, de este modo Pablo y Bernabé se convierten en la presencia del Buen Pastor en medio de las comunidades a las que se dirigen.

La Iglesia, nuestra Madre, ha querido que en el cuarto domingo de Pascua nos detangamos a meditar en Cristo, Buen Pastor, Él cumple las promesas hechas en la antigüedad por boca de los profetas, quienes denunciaban los atropellos de los reyes antiguos y los comparaban a malos pastores que no cuidaban del rebaño que se les encomendaba, particularmente el profeta Ezequiel hablará del surgimiento de un Buen Pastor que sí apacentará al rebaño de Dios como es debido, uno que cuidará de sus ovejas, esta palabra se cumple en Cristo. Que al final de la historia se nos presenta en el libro del apocalipsis como el cordero y pastor, al que siguen las ovejas, en cuya sangre sus vestidos son blanqueados, dándonos a entender la purificación que el hombre atraviesa gracias a la muerte en Cruz del Señor, porque el Buen Pastor da la vida por sus ovejas.

De modo especial hoy el santo Evangelio nos presenta el final del capítulo 10 de san Juan, donde se recoge una maravilloso sermón de Jesús acerca de este tema, el Señor comienza diciendo que sus ovejas “escuchan” “conocen” y “siguen” tres verbos que nos ayudan a meditar y cuestionarnos ¿escucho yo la voz del Señor? ¿hago tiempo en mi día para deterneme a eso? ¿puedo decir que escucho si no le hago caso?, conocer en sentido biblico implica una íntima comunión de mente, voluntad y afectos ¿puedo decir que mi trato con el Señor abarca todas las esferas de mi ser y mi obrar? ¿me reservo algo? ¿sé distinguir la voz del Señor de en medio de las voces con las que el mundo busca seducirme? ¿puedo decir que sigo al Señor? ¿voy arrastrado o camino? ¿soy diligente a entrar en su voluntad?

Asimismo el Señor con una preciosa palabra dice que sus ovejas le pertenecen y nadie se las puede arrebatar, esto debería producir en nosotros una gran confianza en Él para arrojarnos sin miedos a ser sus discípulos y misioneros ¿qué habré de temer? Pero no olvidemos para ello hace falta permanecer y perseverar en Él ¿cómo puedo decir que estoy en sus manos si no lo frecuento en la Iglesia?

Por último Jesús nos hace una revelación profunda de su relación con el Padre, dice “somos uno” sublime misterio, el Padre y el Hijo son dos personas distintas pero un mismo Dios y Señor, vamos entrando así en el misterio de la Santísima Trinidad, el Hijo nos revela al Padre, nos manifiesta su amor y su bondad, su ternura y compasión, que dicha de tener tan Buen Pastor ¿cómo vivo mi relación con Dios Padre? ¿me comporto como un buen hijo? ¿sigo el modelo de Cristo?

El Buen Pastor continúa a pastorearnos a través de su Iglesia a través de sus sacerdotes, que son sus ministros consagrados, por ello la Iglesia hoy nos invita a rezar por las vocaciones, al celebrar el Domingo del Buen Pastor pidamos al Señor que nos dé pastores santos, según su corazón, llenos de amor por Él y su Iglesia