Catequesis – XVI Domingo del T.O. – Ciclo C

CATEQUESIS PEQUEÑAS COMUNIDADES Y COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE

14/07/2022

“El Evangelio de hoy nos recuerda, pues que la sabiduría del corazón reside precisamente en saber conjugar estos dos elementos: la contemplación y la acción. Marta y María nos muestran el camino. Si queremos disfrutar de la vida con alegría, debemos aunar estas dos actitudes: por un lado, el «estar a los pies» de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de cada cosa; por otro, ser diligentes y estar listos para la hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro de un amigo que necesita un momento de descanso y fraternidad. Hace falta esta hospitalidad.” (Papa Francisco, 21/07/2019)

 

1.    Celebración de la Palabra

• Gn 18, 1-10a. Señor; no pases de largo junto a tu siervo.

• Sal 14. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

• Col 1, 24-28. El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.

• Lc 10, 38-42. Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor.

Abraham muestra una actitud de disponibilidad y servicio al ofrecer posada a unos peregrinos que van de viaje ¿soy pronto para servir al hermano que veo que pasa necesidad?

El salmo recoge las carácterísticas del hombre que puede entrar en la casa del Señor ¿puedo decir que busco vivir de esa manera?

San Pablo nos muestra como se esmera por llevar a plenitud la misión que le fue encomendada ¿cómo estoy viviendo yo las misiones que asumo en la vida de fe? ¿o me resisto a asumir algunas buscando excusas?

El Evangelio nos muestra a Marta y María, dos hermanas muy amigas del Señor, que frecuentemente le recibían en su casa ¿Qué me dice la diligencia de Marta para servirle? ¿qué me dice la atención de María para escuchar su palabra?

2.    Catequesis

“La hospitalidad de Mambré es preludio a la anunciación del verdadero hijo de la promesa” (Catecismo n. 2571) Esas son las palabras con las que la Iglesia nos enseña invita a acoger el tesoro de la palabra que hemos escuchado en el capítulo 18 del Génesis. Este episodio ha sido conocido como la “teofanía de Mambré”, teofanía es una palabra que significa “manifestación de Dios” y Mambré es el nombre propio del lugar donde ocurre. Dios ha hecho ya una alianza con el patriarca Abraham, ya le ha sido prometida una tierra y una descendencia, éste se ha puesto en camino, se comienza a sanar lo que el pecado de Adán había lastimado: la relación con Dios. Ahora el Señor vuelve a hablar con el hombre como con un amigo. La visita de estos tres personajes misteriosos en los que algunos han visto reflejado el misterio de la Santísima Trinidad y otros unos ángeles, es en el fondo el paso de Dios por la vida de Abraham.

Abraham fuera de su tienda, a una hora calurosa contempla la llegada de estos personajes, al verlos pasar se muestra solícito y hospitalario para atenderlos, para la mentalidad de los hombres de aquella región la hospitalidad era sumamente importante puesto que dar posada al peregrino era visto como un modo de clamar la bendición de Dios. El patriarca se convierte en modelo del hombre que busca ser grato a los ojos de Dios, su prontitud y diligencia son para nosotros una exhortación viva del modo en que hemos de estar atentos al paso del Señor en nuestra historia para acogerlo en el momento en que Él se quiera hacer presente.

Cuando la Iglesia nos dice que este pasaje es un preludio a la anunciación del verdadero hijo de la promesa, no se refiere sólo al anuncio del nacimiento de Isaac, sino que también nos invita a poner la mirada en la promesa de un hijo que colmará la felicidad no sólo de un hombre, sino de todos los hombres,es la promesa de la llegada de Jesús, en quien Dios nos ha hablado con lenguaje humano, nos ha hecho experimentar su presencia, ha comido con nosotros, nos ha explicado la Escritura, nos ha abrazado, nos toma de la mano y se ha quedado con nosotros de un modo especial en la Sagrada Eucaristía, donde nos espera siempre para amar.

De aquí podemos ver como en la dinámica de la fe, Dios nos sale al encuentro, Él se nos dona en amor, Él quiere pasar por nuestra vida y derramar su bendición, parece que nosotros somos los que hacemos un gran acto de libertad cuando le recibimos pero en realidad el acto más grande de libertad, bondad y generosidad lo cumple Él, porque cuando nosotros lo acogemos en nuestra vida en realidad somos nosotros los que somos acogidos en la suya. Lo enseña la Iglesia, el Hijo de Dios se hace hombre, para que el hombre llegue a ser hijo de Dios.

Nuestra madre la Iglesia nos invita a preguntarnos ¿cómo acogemos nosotros el anuncio de la Buena Nueva de la Salvación? ¿Cómo acogemos a Cristo que pasa por nuestras vidas en diferentes maneras? Recordemos, está presente en su Palabra, en los sacramentos, en la comunidad cristiana, en el pobre y necesitado.

La lógica de la acogida ha sido una de las constantes en la predicación del Papa Francisco, numerosas veces, el amor verdadero genera apertura al otro, y ahí no sólo descubro que le puedo procurar un bien sino que él mismo es un bien para mí, redescubro el valor de la persona humana, que vale en cuanto es, no en cuanto hace o posee, de hecho en esta misma lógica del don y la acogida, se manifiesta un paso posterior con el salmo 14, se pregunta el salmista ¿quién pueda habitar en tu morada? Y se responde: “el que procede honradamente y obra con justicia…quien no hace mal al prójimo ni difama al vecino…quien presta sin usura y no acepta soborno…” Siguiendo los mandatos y preceptos del Señor, atendiendo a nuestro prójimo somos acogidos en la casa del Señor, y es que obrando de esa manera nos comportamos como hijos que viven en su casa.

El santo Evangelio también nos habla del recibimiento de un peregrino, en este caso Marta y María que acogen a Jesús que pasa.  Estas hermanas han sido tradicionalmente las imágenes de la vida activa y la vida contemplativa, con ellas hoy recordamos que a Jesús le recibimos en nuestra casa en medio de la actividad y la contemplación. La figura de estas hermanas es muy importante para nosotros de cara a nuestra de vida espiritual, consideremos por un momento en Marta toda la actividad que desarrolla un cristiano en su vida, a nivel laboral, estudiantil, familiar, social, incluso en sus apostolados, todos vivimos sumergidos en medio de un mundo que demanda nuestra atención, particularmente el laico que en medio de las realidades ordinarias, viviendo según las categorías del evangelio, puede hacer de todo ello una ocasión de santificación.

Como Marta todo cristiano en esta vida habrá de ponerse manos a la obra para amar desde el servicio, sea que se preste a Dios o al prójimo, se trata de una caridad efectiva. Así se convierte en un verdadero misionero del Señor que busca colaborar activamente en la transformación del mundo, extendiendo su Reino de amor, ahí como Marta sirve al Señor.

El reclamo que plantea a Jesús luego sobre su hermana, nos hace ver como en medio del ajetreo la visibilidad se nubla, Marta se ha olvidado que todo su oficio es por atenderlo a Él y entra en la lógica de la autoreferencialidad que le lleva a autovictimizarse, ya lo importante no es Jesús sino “sacar adelante” la tarea. Así la expresión afectuosa “Marta, marta…” que dirige el Señor es una manera de volver a llamar la atención a lo que de verdad interesa, esto es estar con Él.

¿No sucede que muchos por unos centavos más, por unos minutos más de sueño, por una mejor apariencia social terminan traicionando al Señor? ¿Cuántos dejandose llevar por los afanes de la vida dedican poco tiempo al encuentro con Cristo en la oración, la vida en la comunidad, la vida sacramental y las celebraciones litúrgicas? No se trata de pasar metido todo el tiempo en la Iglesia pero sí de que seamos Iglesia, que nuestro bautismo marque nuestra ritmo de vida. Podríamos nosotros ver en esto un enlace entre la lectura del Genésis y el Evangelio, Dios nos llama a encontrarnos con Él en un diálogo de amistad a través de la oración, también pasa por nuestra vida esperando que le abramos la puerta de nuestro interior ¿tengo espacio en mi agenda para recibirlo? ¿para escuchar su voz en la meditación de la Sagrada Escritura?

“Marta es una de esas mujeres fuertes, capaz incluso de regañar al Señor por no haber estado presente en la muerte de su hermano Lázaro. Sabe adelantarse, es valiente, pero le falta contemplación, es incapaz de perder el tiempo mirando al Señor. Hay tantos cristianos que van los domingos a Misa, pero luego están siempre ocupados. No tienen tiempo ni para los hijos, ni siquiera para jugar con sus hijos: y eso es malo. «Tengo tanto que hacer, estoy ocupadísimo…». Y al final se vuelven «devotos» de esa religión que es el «ocupacionismo»: son del grupo de los ocupadísimos, que siempre están haciendo algo… Pero, ¡párate, mira al Señor, coge el Evangelio, escucha la Palabra del Señor, abre tu corazón…! Pero no, siempre el lenguaje de las manos, siempre… Y hacen el bien, pero no el bien cristiano, sino un bien humano. A esos les falta la contemplación. A Marta le faltaba eso.” (Papa Francisco, 09 de octubre de 2018)

Como María todo cristiano debería estar atento a la Palabra que el Señor le dirige cuando se detiene en su casa, poner en Él su mirada, su mente, sus afectos, entregarse por completo a estar junto a Él, sabiendo que la verdadera bendición no es todo lo que se hizo por el Señor, ni todo lo que el Señor le dio mientras pasaba, sino el haber estado junto a Él, el haberlo tenido en la propia casa, en lo más íntimo de su ser, esa queridos hermanos, es la parte mejor.

Así vemos como la contemplación no se opone a la actividad, sino que la plenifica, la alimenta, la nutre, la lleva a ver su verdadero sentido. Lo que verdaderamente se opone a la contemplación es la dispersión, como cuando en el afán de una multitud de actividades se pierde de vista la razón de ser de la mismas. Cuando por estar ocupado en muchas cosas se pierde lo que de verdad importa. La contemplación de la oración plenifica todo el obrar del ser humano. Ella nos hace salir de la mediocridad en nuestro seguimiento del Señor o nos lleva a romper con “x” o “y” pecado, a retomar los animos de venir a la comunidad o a la santa Misa (u otras actividades parroquiales), ella nos mueve a asumir compromisos y a perseverar en ellos aún y cuando nadie más esta dispuesto. Llegarnos a Jesús en la oración es acercarnos a su Corazón que nos ama, como a una llama incandescente que da luz y calor, por un lado ilumina nuestra vida en medio de las tinieblas y turbulencias del día a día, y por otro la llena del calor que le consuela en medio de la frialdad con el que mundo muchas veces actúa y con el que otras tantas va enfriando su vida.  No es la motivación la que nos hace falta, sabemos porqué necesitamos orar, lo que falta es ponernos manos a la obra. Toda nuestra vida espiritual tiende a la unión íntima y transformante con Jesús, la vida de oración es el punto de partida.

3.    Edificación espiritual

-Como tarea para esta semana asumamos el compromiso todos y cada uno de dedicar al menos por un día un espacio de una media hora para pasar en silencio ante Dios, tomemos la Sagrada Escritura o un libro de lectura espiritual que nos ayude. Podríamos buscar venir a la Capilla de Adoración si es que no tengo lugar en casa.

– El próximo fin de semana tendremos nuestra Asamblea Parroquial anual, las diferentes fuerzas vivas de la parroquia nos daremos cita para pasar un tiempo de reflexión y convivencia, la temática central de esta ocasión será el llamado que el Papa Francisco nos está haciendo a redescubrir la “Sinodalidad” en la vida de la Iglesia. ¿Qué quiere decir este término? Quiere recordarnos que juntos todos los bautizados constituimos la familia de Dios, la Iglesia de Cristo, en la cual la voz del Espíritu Santo se manifiesta en la coralidad de nuestras voces, y por tanto es necesario que nos encontremos los unos a los otros, nos escuchemos y discirnamos juntos la voz de Dios para poder caminar juntos.  Por ello les invito a que desde ya a través de su reunión de Comunidad comiencen a meditar entre ustedes algunos puntos en los que parece oportuno el diálogo, para que llegado el día se enriquezcan con los aportes de los diferentes hermanos en los grupos de reflexión.

En nuestra Asamblea trataremos tres grandes temáticas:

  1. La sinodalidad como ese proceso de encuentro, escucha y discernimiento que vivimos en lo ordinario de la vida de nuestros grupos.
  2. El rol del joven laico en la vida de la Iglesia (El primer gran desafío que la Asamblea Eclesial latianomericana nos ha planteado es la atención a la juventud)
  3. El rol de la mujer en al vida de la Iglesia

Para la edificación espiritual de esta semana hablemos discutamos tres preguntas:

  1. ¿Cómo son nuestro encuentros en comunidad? ¿nos reunimos? ¿nos escuchamos (participamos activamente)? ¿nos preguntamos cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida? ¿cómo la reunión de comunidad afecta mi semana? ¿Qué hacemos cuando alguien no viene? ¿Salimos a su encuentro?
  2. ¿Qué veo yo en los jóvenes que se acercan a la parroquia? ¿qué he escuchado yo en los jóvenes nuestra parroquia? ¿qué veo en los que no vienen? ¿qué escucho en ellos? ¿Qué dicen ellos de su fe? ¿dialogo con los jóvenes de la parroquia? ¿Qué rol les damos?
  3. ¿Cómo veo el papel de la mujer en nuestra parroquia? ¿qué impacto tiene en la vida de las familias de la colonia? ¿cómo evangelizan las mujeres nuestra comunidad? ¿cómo nos vemos enriquecidos por su presencia?