Catequesis – XXVIII Domingo TO – Ciclo C

Catequesis para Pequeñas Comunidades y Comunidades Eclesiales de Base

06 de octubre 2022

“Oremos solemnemente con acción de gracias, al despuntar el nuevo día, al salir de casa, antes de comer y después de haber comido, a la hora de ofrecer incienso, al entregaros al descanso. Y aun en la misma cama quiero que alternes los salmos con la oración dominical (…), para que el sueño te coja libre de pensamientos mundanos y ocupado en los divinos” (San Ambrosio)

1.    Celebración de la Palabra

• 2R 5, 14-17. Volvió Naamán al profeta y alabó al Señor.

• Sal 97. El Señor revela a las naciones su salvación.

• 2Tm 2, 8-13. Si perseveramos, reinaremos con Cristo.

• Lc 17, 11-19. ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

2.    Catequesis

La Liturgia de la Palabra nos presenta a Naamán el sirio siendo curado por un milagro propiciado gracias a la intervención del profeta Eliseo, si bien es cierto que en un primer momento vemos en este acontecimiento la universalidad de la salvación, ya que Dios auxilia en este caso a un hombre que no pertenece al Pueblo de Israel, también podemos ver como el Señor sale al encuentro del hombre que sufre cualquiera sea su condición, sea un importante dignatario como Naamán, o sea uno de los pobres leprosos que atiende Jesús. Pero yendo más allá les invito en esta ocasión a ver lo sucedido después a la curación y la importancia de la acción de gracias hecha con sinceridad.

Veamos primero qué es la gratitud. Por definición la gratitud es una virtud derivada de la justicia por la cual se da el debido reconocimiento por los beneficios recibido a quien los ha proveído. En este sentido parece que Naamán y que el leproso realizan el mismo acto, sin embargo, Eliseo no acepta la acción de gracias mostrandose digno de su título de hombre de Dios, pues da al Señor el honor debido, pues sabe que él no fue el origen de la salud de aquel hombre, por otro lado Jesús no sólo acepta la acción de gracias, sino que llama la atención ante la ingratitud de aquellos que no volvieron, si vemos el Señor al no exigir la gratitud o algún bien previo al milagro nos muestra la incondicionalidad y gratuidad de su bendición, mientras que al señalar la actitud de los otros nueve leprosos nos manifiesta como su amor no es indiferente ante aquel que es agradecido.

Estos puntos son importantes porque si la gratitud es una virtud que se vive en cualquier relación humana, esta ha de ser la característica del cristiano en su relación con el Padre, incluso san Pablo en la carta a los Tesalonicenses insiste como siempre hemos de vivir en acción de gracias, lo decía el versículo antes del Evangelio “Den gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de ustedes” (1 Ts 5, 18). La gratitud hace pasar de sólo ver el beneficio recibido a ver al benefactor, me pone en relación con él, es acto de justicia que suscita el amor, de ahí que la acción de gracias a Dios nos mueve a amarle con profunda reverencia.  Según santo Tomás de Aquino esta virtud se manifiesta en tres grados: en el primero se reconoce el beneficio, en el segundo se alaba y da gracias por él, y en el tercero se recompensa. Ahora bien, ya que a Dios no podemos devolverle algo que el no posea el afecto que nace por nuestro Señor es aún más intenso.

«¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras: ‘Gracias a Dios’? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad»

San Agustín, Epistolae 41, 1

De un modo particular la acción de gracias a Dios se vive a través de la oración, de hecho podríamos decir es la característica de la oración de la Iglesia. De hecho dice el Catecismo:

“La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.

Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas de San Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y el Señor Jesús siempre está presente en ella. «En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros» (1Ts 5, 18). «Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col 4, 2).” Catecismo 2637-2638)

La gratitud pues está a la base de nuestra vida cristiana, decía en alguna ocasión el Papa Francisco que el ingrato “ha olvidado el lenguaje de Dios” y es propia de las almas nobles, no es signo de debilidad antes bien es la continuación del acto de humildad que supone la oración de súplica una vez esta ha sido escuchada. Pero la gratitud no se vive sólo para con Dios, en cuyo caso es propio de la virtud de la religión, luego de Dios es debida a los propios padres, en cuyo caso se llama piedad, a ellos en razón de que nos han transmitido la vida y nos han provisto de educación, luego también todo aquel que nos ha provisto de un bien.

La gratitud es oportuna hacia el prójimo aún y cuando el bien que se ha recibido no ha sido hecho de buena gana, ya que el objeto que da origen a la acción de gracias es el beneficio recibido no el afecto con que se otorga “Lo propio de un alma grande es prestar más atención a lo bueno que a lo malo. Por tanto, si alguien hizo un beneficio con malos modales, no por eso en quien lo recibe cesa del todo el deber de agradecérselo, aunque menos, eso sí, que si hubiera procedido del modo debido, puesto que también el beneficio es menor” (Santo Tomás de Aquino).

Ahora bien, aquel que es agradecido no debe perder la paz por no poder retribuir como cree se corresponde según el caso, si sus posibilidades no le dan para ellos, y es que si para un benefactor la atención va puesta más sobre el efecto que sobre el afecto, para el beneficiario en terminos de gratitud la atención va más puesta en el afecto que en el efecto. El agradecimiento puede consistir en muestras de respeto, palabras de reverencia y honor sin el afán de adulación, un consejo dado con lealtad o el trato frecuente entre otros. De ahí que esta virtud es posible a todos, porque todos pueden fomentar el sentimiento y manifestarlo hacia afuera de algún modo. En sentido santo Tomás dice que el afecto del que agradece debe manifestarse enseguida, mientras que el don exterior puede dilatarse al momento oportuno, sin embargo tengamos en cuenta que demasiado pronto podría dar la idea que no se quiere estar en deuda ni rendirle una prolongada gratitud.

Siempre hemos de estar atentos ante la ingratitud que se puede manifestar en diversos modos, sea el de no recompensar el beneficio recibido; callarlo, omitiendo las expresiones de gratitud como si no se hubiesen recibido; no querer reconocerlo; devolver mal por bien; criticar el beneficio recibido y reputar como daño el beneficio recibido.

Podría surgir una pregunta ¿qué hacer si otro es ingrato cuando uno es el benefactor? Hay quien dice que lo que merecería es que ya no se le haga un favor, santo Tomás responde diciendo: “a propósito de los ingratos, deben considerarse dos cosas. Una, qué castigo merece el ingrato; y lo cierto es que, por serlo, merece que se le sustraiga el beneficio. Otra, qué es lo que debe hacer el bienhechor. Pues, primeramente, no debe precipitarse en su juicio acerca de la ingratitud; en efecto, no pocas veces acontece que uno es agradecido aunque no haya recompensado, como dice Séneca; porque quizá no se le ha presentado todavía posibilidad o la debida oportunidad para hacerlo. Y, en segundo lugar, debe proponerse como objetivo el trocar al ingrato en agradecido; efecto que si no logra con el primer beneficio, bien pudiera ser que con el segundo lo consiga. Y si, a pesar de multiplicar los beneficios, la ingratitud va en aumento y el beneficiado se hace cada vez peor, debe en este caso cesar en la prestación de beneficios.”

Un antiguo filósofo romano diría: “Te quejas de haber dado con un hombre desagradecido. Si ésta es la primera vez, da gracias a la fortuna o a tu precaución. Pero en este negocio nada puede la precaución, sino volverte tacaño; pues si quisieres declinar este riesgo, no hará beneficio alguno; así que para que no perezcan en manos ajenas, perecerán en las propias. Más vale que los beneficios no tengan correspondencia que no que se dejen de hacer: aun después de una mala cosecha hay que volver a sembrar. Muchas veces, lo que se había perdido por una pertinaz esterilidad del suelo, lo restituyó con creces la abundante cosecha de un año. Vale la pena, para hallar a un agradecido, hacer prueba de muchos ingratos. Nadie tiene en los beneficios la mano tan certera que no se engañe muchas veces; equivoquence enhorabuena para dar alguna vez en el blanco…El premio de la buena obra es haberla practicado” (Séneca)

3.    Edificación espiritual

-¿Qué aprendí de esta catequesis?

-¿Cómo suelo mostrar mi gratitud? ¿Recuerdo alguna ocasión en que alguien haya sido agradecido conmigo de un modo particular?

-¿Soy agradecido con Dios? ¿Cómo lo manifiesto?

-¿Qué me propongo hacer esta semana en concreto para trabajar la virtud de la gratitud?