II – En que se dan algunas razones por las cuales nos conviene mucho servir a Dios con alegría

Tomado de «Ejercicios de perfección y virtudes cristianas» del P. Alfonso Rodríguez – De la Tristeza y la alegría – Cap. II

Gaudete in Domino semper, iterum dico gaudete[1]: Gozaos siempre en el Señor; otra vez os torno a decir que os gocéis y regocijeis, dice el apóstol san Pablo. Lo mismo nos repite muchas en los Salmos el profeta David *Alegraos en el Señor y regocijaos, o justos, y gloriaos todos los rectos de corazón[2]. Salten de gozo y alégrense en ti Señor todos los que te buscan[3]. Cantad a Dios con júbilo moradores todos de la tierra, servid al Señor con alegría; llenos de alborozo llegad a su presencia[4]. Alegrese el corazón de los que buscan al Señor.[5] *Y en otros muchos lugares nos exhorta a menudo a que sirvamos a Dios con alegría. Y con esto saludo el ángel a Tobías: Dios te dé siempre mucho gozo y alegría[6].

Solía decir el bienaventurado San Francisco: al demonio y a sus miembros pertenece estar tristes, mas a nosotros alegrarnos siempre en el Señor. En las moradas de los justos siempre se ha de oir voz de alegría y de salud[7]. Hanos traído el Señor a su casa, y escogido entre millares; ¿Cómo habernos de andar tristes?

Bastaba para entender ser esta cosa de mucha importancia, ver qué de veces nos la encomienda y repite la Sagrada Escritura; y el ver por otra parte los daños grandes que dijimos se siguen de la tristeza. Pero para mayor abundancia y para que viendo al ojo el provecho nos esforcemos más a ello, diremos algunas razones por las cuaes nos conviene mucho andar siempre en el servicio de Dios con esta alegría de corazón.

Y sea la primera, porque así lo quiere el Señor: Hilarem datorem diligit Deus, dice san Pablo: Quiere Dios un dadivoso alegre[8], conforme a lo que él dijo por el Sabio *Todo lo que das, dalo con semblante alegre*[9]. Así como acá en el mundo vemos que cualquier señor quiere que sus criados le sirvan con alegría, y cuando ve que andan encapotados y le sirven con ceño y con tristeza, no le es agradable su servicio, antes le enfada; así Dios nuestro Señor gusta de que le sirvamos con mucha voluntad y alegría, no con ceño, ni tristeza.

Nota la Sagrada Escritura que ofreció el pueblo de Israel mucho oro y plata y piedras preciosas para el edificio del templo con grande voluntad y alegría. Y el rey David dio gracias a Dios de ver al pueblo ofrecer sus dones con tan grande gozo[10]. Eso es lo que estima mucho Dios. No estima tanto la obra que se hace, cuanto la voluntad con que se hace. Aún acá solemos decir: la voluntad con que lo hace vale más que todo, y aquello estimamos en mucho, aunque la cosa sea en sí pequeña.

Y por el contrario, por grande que sea, si no fue hecha con voluntad y alegría no la estimamos ni agradecemos, antes nos descontenta. Dicen muy bien que es como quien sirve un buen majar, pero con salsa amarga, que lo hace todo desabrido.

La segunda razón, es que redunda en mucha gloria y honra de Dios el servirle con alegría, porque de esa manera muestra uno que hace aquello de buena gana y que parece todo poco para lo que desea hacer. Los que sirven a Dios con tristeza, parace que dan a entender que hacen mucho y que andan reventando con la carga, y que apenas la puedne ya llevar por ser grande y pesada, y eso desagrada y da en rostro. Y así, una de las cuasas porque el bienaventurado san Francisco no quería ver en el rostro de sus frailes tristeza, era, porque da a entender que hay pesadumbre en la voluntad y pereza en el cuerpo para el bien. Pero esotros, según van de alegres y ligeros parece que están diciendo que no es nada lo que hacen para lo que desean y querrían hacer.

Como decía san Bernardo: Señor lo que yo hago por Vos, apenas es trabajo de una hora; y si más es, con el amor no lo siento[11]. Eso da mucho contento al Señor y así dice él en el Evangelio: Cuando ayunáredes, ungid la cabeza y lavaos el rostro, *porque no echen de ver los hombres que ayunais*[12]. Quiere decir: poneos de fiesta y andad alegre, que parezca que no ayunais ni haceis nada. No andeis tristes, como los hipócritas[13] que quieren dar a entender a todos que ayunan y que echen de ver que hacen algo.

 De camino se ha de advertir que hay algunos, que para andar con modestia y recogimiento, les parece que es menester andar cabizbajos y con semblante triste, y engáñanse. Dice san León Papa: La modestia del religioso no ha de ser triste, sino santa[14]. Ha de traer siempre el religioso una mdoestia alegre y una alegría modesta. Y saber juntar estas dos cosas, es gran decoro y grande ornato del religioso.

Lo tercero, no solamente redunda esto en mucha honra de Dios, sino también en provecho y edificación de los prójimos y en abono de la virtud. Porque los que de esta manera sirve a Dios, persuaden mucho a los hombres con su ejemplo que en el camino de la virtud no hay la pesadumbre y dificultad que los malos imaginan; pues les ven a ellos caminar por el con tanta suavidad y alegría. Con lo cual los hombres que naturalemente son amigos de andar alegres y contentos, se animan mucho a darse a la virtud. Por esta razón particularmente nos conviene mucho a nosotros andar con alegría en nuestros ministerios, por tratar tanto con prójimos , y ser nuestro fin e instituto ganar almas para Dios.

Porque de esa manera se ganan y aficionan muchos no solo a la virtud, sino a la perfección a la Religión. De algunos sabemos que han dejado el mundo y entrado en Religión, por ver la alegría y contento con que andan los religiosos. Porque lo que desean los hombres es pasar esta vida con contento; y si entendiesen el que tienen el buen religioso, creo se despoblaría el mundo y se acogerían todo a la Religión; sino que es este un maná escondido, que le escondió y guardó Dios para lo que el quiso escoger; a vos os descubrió el Señor este tesoro escondido, y no se le descubrió a vuestro hermano, y así él se quedo allá, y avosotros trajo acá: por lo cual le debeis infinitas gracias.

La cuarta razón porque nos conviene andar con alegría, es porque la obra comumente es de mayor mérito y valor cuando se hace con esta alegría y prontitud, porque eso hace hacer la obra mejor y más perfectamente. Aún allá dijo Aristóteles: La alegría y gusto con que se hace la obra, es causa que se haga con perfección; y la tristeza, de que se haga mal hecha[15]. Y así vemos por experiencia que hay mucha diferencia del que hace la cosa con gusto, al que la hace de mala gana; porque éste no aprece que atiende más de a poder decir que la hizo; pero aquél estáse esmerando en hacer bien lo que hace, y procura hacerlo lo mejor que puede.

Añadese a esto lo que dice san Crisostomo[16] que la aelgría y contento del ánima da fuerzas y aliento para obrar. Y así decía el profeta David: iam mandatorum tuorum cucurri, cum dilatasti cor meum[17]. La alegría dilata y ensancha el corazón; pues dice el Profeta: Señor, cuando Vos me dábades aquella alegría con que se dilataba mi corazón, corría yo con grande ligereza por el camino de vuestros Mandamientos. Entonces no se siente el trabajo: *Correrán y no se fatigarán; andarán y no desfallecerán*[18]

Y por el contrario, la tristeza estrecha, aprieta y encoge el corazón: no sólo quita la gana de obrar, sino también las fuerzas, y hace que se le haga a uno pesado lo que antes le era fácil. Y así confesó su flaqueza el sacerdote Aarón, que habiéndole Dios muerto dos hijos de un golpe, y siendo reprendido de su hermano Moisés por no haber ofrecido sacrificio al Señor, respondió: ¿Cómo podía yo agradar con el sacrificio al Señor con ánimo lloroso y triste?[19] Y los hijos de Isarel en el destierro de Babilonia decían: ¿Cómo cantaremos el Cántico del Señor en tierra ajena?[20] Y por experiencia vemos cada día que cuando estamos con tristeza, no sólo se disminuyen las fuerzas espirituales, conforme a aquello del Sabio: In maerore animi dejicitur spiritus[21]: * Con la tristeza del ánimo se abate el espíritu, * sino también los corporales, que no parece sino que cada brazo y cada pie nos pesa un quintal. Por esto aconsjean los Santos[22] que en las tentaciones no nos entristezcamos; porque eso quita el vigor del corazón, y hace al hombre cobarde y pusilánime.

Otra razón se puede colegir de las pasadas, por la cual es mucho de desear que el siervo de Dios y especialmente el religioso ande con alegría; y es porque cuando se ve que uno anda con alegría en las cosas de la virtud y de la Religión, da aquello grande satisfacción y esperanza que aquel perseverará y llevará adelante lo comenzado: pero cuando le vemos andar triste, sospecha da y temor si ha de perseverar. Como cuando veis a uno que lleva a cuestas una gran carga de leña y que va con pesadumbre, anhelando y suspirando, y aquí para, y allí se le cae un palo y acullá otro, luego decís: este no ha de poder con tanto, creo que lo ha de dejar a medio camino; pero cuando le veis ligero con la carga, y que va cantando y alegre, luego decís: este aun más que aquello llevaría.

Pues de la misma manera, cuando uno hace con tristeza y pesadumbre las cosas de la virtud y de la Religión, y parece que va gimiendo y reventando con la carga, sospecha da que no ha de durar; porque ir siempre remando y forcejeando agua arriba, es vida de galera y cosa muy violenta. Pero cuando anda alegre en los oficios humildes y en los demás ejercicios de la Religión, así corporales como espirituales, y todo se le hace fácil y ligero, da muy buenas esperanzas que irá adelante y perseverará.

Capítulo anterior: “I – De los daños grandes que se siguen de la tristeza”

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Notas:

*La imagen es un dibujo de Carlos Saenz de Tejada que muestra a san Ignacio convaleciente y leyendo

*Las negritas y los espacios entre párrafos son ajustes míos para facilitar la lectura.

[1] Ad Philip IV, 4

[2] Laetamini in Domino, et exultate, iustii et gloriamini, omnes recti corde. Ps. XXXI, 11

[3] Exultent, et loetentur in te, omnes qui quoerunt te. Ps. LX1X, 5

[4] Jubilate Deo, omnis terra, servile Domino m laetitia, introite in conspectu e j u s in exultatione. Ps. XCIX, 1

[5] Lastetur cor quoerentium Dominum. Ps. CIV, 3.

[6] Gaudium tibi sit semper.

Tobice, V, 11.

[7] Vox exultationis et salutis in tabernaculis justorum. Ps.CXV1I 15

[8] II ad Cor., IX, 7

[9] In omni dato hilarem fac vultum tuum. Eccli. XXXV, 11

[10] Cum ingenti guadio. I Paral., XXIX, 9 et 17

[11] Opus meum vix unius est horae, et si plus, prae amore non sentio. Bern. Serm. 14 sup. Cant.

[12] Tu autem cum jejunas, unge caput tuum, et faciem tuam lava, ne videaris hominibus jejunans. Matth., VI, 17

[13] Nolite fieri sicut hipocritae tristes

[14] Religiosorum modestia, non sit maesta, sed sancta. Leo Papa, serm. 4, quadrages.

[15] Delectatio perficit operationem, tristia corrumpit. Arist. Lib. 10 Ethic. Cap 4 et 5

[16] Chrysost. Hom. 41 sup. Gen.

[17] Ps. CXVIIII, 32

[18] Current, et non laborabunt; ambulabunt, et non deficient, Isai., XL, 31.

[19]  Quomodo potui placere Domino in caeromoniis mente lugubri? Levit. X, 19

[20] Ps. CXXXVI, 2 et 4

[21] Prov. XV, 13

[22] Véase el trat. 4, cap.10 y 11