«Al despertar me saciaré de tu semblante»

Sábado – XXXIII semana del tiempo ordinario – Año impar

1M 6, 1-13; Sal 9; Lc 20, 27-40

La Liturgia de la Palabra de este día nos presenta dos aspectos de las realidades futuras que esperamos los cristianos, el triunfo del bien sobre el mal y la resurrección, que no es sino el triunfo de la vida sobre la muerte.

Terminamos hoy la lectura del libro de los Macabeos contemplando la derrota de Antíoco Epifanes IV, con ella el autor sagrado nos quiere recordar el triunfo de Dios sobre las fuerzas que se oponen a Él y su plan divino, vemos la profunda tristeza en cae el rey, que lejos de ser aquella que viene del dolor de reconocer el mal cometido es fruto de una soberbia derrotada incapaz de alzar la mirada ante el resplando de la verdad y del bien que vienen de Dios.

Jesús en el Evangelio para confusión de los saduceos recuerda que los muertos han de resucitar, que el hombre fue creado para la vida, de hecho, si el hombre ha sido creado como cuerpo y alma unidos, la muerte se presenta como una situación que va contra el plan original, pues por definición ésta es la separación de alma y cuerpo, por lo que la resurrección es parte de la victoria del plan de Dios.

Hoy propongo la lectura de un Comentario de santo Tomás de Aquino, propuesto en el Oficio Divino para este día y  que nos hará bien tener presente como un aliciente para recordar la importancia de las realidades futuras que afirmamos en el credo.

 

*ME SACIARÉ DE TU SEMBLANTE

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén.» Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.

La vida perdurable consiste primariamente en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante. Esta unión consiste en la visión perfecta: Al presente vemos a Dios como en un espejo y borrosamente. Entonces lo veremos cara a cara.

También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.

Consiste asimismo en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti.»

Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y por esto sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto dice el Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante»; y también: «Él sacia de bienes tus anhelos.»

Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.

La vida perdurable consiste también en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y por esto se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

*De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero (Conferencia sobre el Credo: Opuscula theologica 2, Turín 1954, pp. 216-217)

 

Nota:La imagen es un fresco del Monasterio de Decani en Kosovo del 1350