La llamada…. Y la respuesta

«Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.» Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)». (Jn 1, 35-42)

Papa Francisco comentando este pasaje dice:

«Finalmente, familiaridad es permanecer en presencia de Jesús como Él mismo nos aconseja en la Última Cena (cfr. Mt 15, 4 y 9) o como nos recuerda el inicio del Evangelio, cuando Juan indica: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29.36). Y Andrés y Juan fueron tras Jesús y, como está escrito, permanecieron, se quedaron con Él todo el día (cfr. Jn 1, 39)

Así pues, esa es la actitud de la familiaridad; no la de esos cristianos buenos, pero que se mantienen a distancia de Jesús: tú ahí y yo aquí. Por tanto, demos un paso hacia esa actitud de familiaridad con el Señor. Ese cristiano con problemas, que va en el autobús, en el metro, e interiormente habla con el Señor o, al menos, sabe que el Señor lo mira, que está cerca. Esa es la familiaridad: es cercanía, es sentirse de la familia de Jesús. Pidamos esta gracia para todos: entender qué significa familiaridad con el Señor. ¡Que el Señor nos conceda esa gracia!»

(Homilía 26 de septiembre de 2017)