Aspirando a más

Martes – xx semana del Tiempo Ordinario – Año par

Ez 28, 1-10; Deuteronomio 32, 26-27ab. 27cd-28. 30. 35cd-36ab; +Mt 19, 23-30

Nos encontramos en el centro del libro del profeta Ezequiel, en una serie capítulos en los que el profeta se dirige a las naciones vecinas a Israel, algunas de estas se habían morado de las dificultades por las que pasaba Israel otras como Tiro, se creían superiores por sus riquezas y poder de influencia.

El oráculo de este día recuerda la gravedad del pecado de orgullo, que es un ponerse a sí mismo en lugar de Dios, o podríamos decir también el afán desmedido de excelencia de aquel que no le importa tanto el mejorar sus propias capacidades cuanto ser mejor que los demás.
En el fondo la profecía de Ezequiel quiere recordar que si bien es cierto Israel está sufriendo el destierro y la destrucción de sus ciudades, no es porque las naciones vecinas hayan vencido al Dios que le protegía, sino que ha Sido una consecuencia de su mal actuar, y que está situación no será definitiva sino pasajera porque un resto volverá.

Por otro lado contamos en Evangelio la continuación del episodio del joven rico. Estamos en un capítulo que nos invita a aspirar a los bienes más perfectos, en este Jesús renueva el matrimonio según su perfección originaria, habla del celibato por el reino de los cielos y hoy nos encontramos ante la excelencia de la pobreza evangélica, el desprendimiento total de los bienes para tener al Señor como único bien.

Ciertamente el espíritu de fondo es aspirar a una configuración más radical con Cristo, a un hacerse como Él, que es fiel a su Iglesia, con un amor puro totalmente volcado a hacer la voluntad del Padre, y pobre ante el mundo se presenta como el que pagó el rescate por los hombres que habían Sido esclavizados por el pecado.

Que el Señor nos conceda la gracia de reconocerle como nuestro soberano, como nuestro único tesoro y confiar en su providencia, sabiendo que si estamos con Él, no habrá poder enemigo que pueda vencernos

IMG: «Jesús y el joven rico» de Heinrich Hoffman.