¿Qué es la filosofía medieval? periodización y la «filosofía cristiana»

Antes de recorrer quince siglos de pensamiento, conviene fijar qué se entiende por «filosofía medieval» y por «Edad Media», expresiones que no son en absoluto neutras y que arrastran, desde la Ilustración, una carga de prejuicio considerable. Este primer capítulo aborda tres cuestiones preliminares: el origen y las connotaciones peyorativas del término «Edad Media», los criterios para periodizar quince siglos de filosofía, y el intrincado debate sobre si existió o no una «filosofía cristiana» propiamente dicha.

«Para el santo Arzobispo de Canterbury la prioridad de la fe no es incompatible con la búsqueda de la razón. En efecto, ésta no está llamada a expresar un juicio sobre los contenidos de la fe, siendo incapaz de hacerlo por no ser idónea para ello. Su tarea, más bien, es saber encontrar un sentido y descubrir las razones que permitan a todos entender los contenidos de la fe.»

Juan Pablo II, Fides et ratio, n. 42, citado en Saranyana, p. 30

El prejuicio ilustrado sobre la Edad Media

La expresión media aetas remonta al siglo XV: fue empleada por vez primera en 1469 por Juan Andrea de Bussi, obispo de Alería, y se generalizó a lo largo del siglo XVI con connotaciones peyorativas. Designaba un período intermedio, oscuro e inculto, que separaría el humanismo antiguo del humanismo moderno. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en sus Lecciones sobre la Historia de la Filosofía, distinguía solo dos épocas verdaderamente filosóficas —la griega y la germánica— y concedía sesenta y cuatro páginas al período medieval, frente a las seiscientas ochenta dedicadas a la filosofía griega.

Los primeros historiadores racionalistas del siglo XIX que se aplicaron a recuperar el legado filosófico medieval —Victor Cousin, Jean-Barthélemy Hauréau, Émile Bréhier— consideraron que lo propio de la especulación escolástica fue su desarrollo bajo la tutela de la Iglesia, lo cual habría paralizado el esfuerzo filosófico al vincular la libertad de investigación a una verdad heterónoma. Frente a ellos, un grupo de historiadores católicos —Franz Ehrle, Clemens Baeumker, Maurice de Wulf, Martin Grabmann— distinguieron un auténtico movimiento filosófico medieval, diferenciado del movimiento teológico.

Étienne Gilson ofreció una posición intermedia: los medievales —Alberto Magno, Buenaventura, Tomás de Aquino, Duns Escoto— fueron verdaderos filósofos, aunque en un sentido especial, pues fueron «filósofos cristianos» por la fecundante influencia de la Revelación. Fernand Van Steenberghen distinguió, a su vez, entre una «filosofía comprometida» y una filosofía técnica en sentido estricto, e ironizó sobre el prejuicio ilustrado señalando que también Descartes, Leibniz, Kant o Hegel filosofaron influidos por el cristianismo.

Periodización de quince siglos

Los límites exactos del período medieval no están claramente fijados. Con el paso del siglo V al VI cambió la atmósfera que se respiraba en Occidente: el golpe militar de Odoacro (476), la clausura de la Academia de Atenas por Justiniano (529) y la ejecución de Severino Boecio por Teodorico (524) son signos de una crisis profunda. A efectos de historia de la filosofía, la Edad Media comenzó propiamente cuando se agotaron los rebrotes del espíritu romano en el contexto germánico y se inauguró una forma de filosofar original: primero en las Galias, con el renacimiento carolingio propiciado por Carlomagno.

Antes de los carolingios, la especulación había sido una continuación del mundo antiguo recibido en suelo cristiano: es la filosofía patrística, que preparó la especulación propiamente medieval a través de las grandes síntesis de san Agustín, Boecio y el Pseudo-Areopagita. Siguiendo este criterio, pueden distinguirse cinco etapas de filosofía medieval: la Alta Edad Media del renacimiento carolingio (768 – fines del siglo IX); el segundo período, de la fundación de Cluny a fines del siglo XII, con la irrupción del legado árabe y judío; el momento de esplendor escolástico del siglo XIII, con la fundación de las universidades y la plena recepción de Aristóteles; la Baja Edad Media, desde la muerte de Duns Escoto (1308) hasta fines del siglo XIV; y el Renacimiento y barroco escolástico, hasta la muerte de Juan de Santo Tomás (1644).

Esta periodización, más generosa que la tradicional, incluye como apéndice natural de la Edad Media la filosofía renacentista y postridentina, a menudo poco atendida por la medievalística, pero que constituye su prolongación directa hasta el umbral mismo de la modernidad racionalista. Es el criterio que este curso adoptará, dedicando su último capítulo a esa prolongación.

El debate sobre la «filosofía cristiana»

La filosofía que se cultivó en Europa durante el período patrístico y la Edad Media fue, en gran parte, obra de cristianos en función más o menos estrecha de la explicación racional de la fe católica. Surge entonces una pregunta ineludible: esa filosofía, ¿es una filosofía en sentido pleno, con pretensiones de totalidad, o es simplemente el aparato racional de la teología dogmática? El tema, planteado con crudeza por Émile Bréhier en 1927, fue motivo de un célebre debate de la Société Française de Philosophie en 1931, en el que Bréhier y Léon Brunschvicg sostuvieron que no existía una «filosofía típicamente cristiana», mientras Étienne Gilson y Jacques Maritain defendieron la tesis contraria.

Frederick Copleston ofreció un estado de la cuestión satisfactorio: la relación entre filosofía y teología constituyó en sí misma un tema importante tanto para el pensamiento patrístico como medieval, lo que prueba que los escritores cristianos distinguían entre ambas ciencias. Santo Tomás, por ejemplo, sabía por Revelación que el mundo había sido creado ab initio temporis, pero sostenía que filosóficamente no era posible demostrarlo. Si la filosofía patrística y medieval no fuera más que teología, cabría esperar que pensadores que aceptaban la misma fe aceptasen también la misma filosofía; pero san Buenaventura, santo Tomás, el beato Duns Escoto, Egidio Romano y Guillermo de Ockham confesaron la misma fe con filosofías notablemente distintas.

Conviene además recordar que la «filosofía cristiana» no consistió solo en una especulación hecha por cristianos a la luz de la fe, sino que planteó temas realmente nuevos, sugeridos por la Revelación sobrenatural: la noción de creación, sobre la que se construyó toda la filosofía de lo necesario y lo contingente; la oposición metafísica entre el ser y la nada; y las nociones de eternidad, eviternidad y tiempo. Estos temas, ausentes de la filosofía griega, constituyen la aportación más original y duradera de la Edad Media al patrimonio filosófico de la humanidad.

Conclusión

La filosofía medieval no es un paréntesis oscuro entre dos humanismos, sino un proceso acumulativo de quince siglos, con sus crisis y sus avances, en el que la razón humana, fecundada por la Revelación cristiana, abordó preguntas que la filosofía griega no había podido plantear con la misma radicalidad: la creación, la persona, la libertad, el tiempo. Este primer capítulo ha fijado el mapa cronológico y conceptual del curso. El siguiente inicia el recorrido histórico propiamente dicho, con los primeros momentos de la filosofía cristiana: los apologistas, el gnosticismo y san Ireneo de Lyón.

Apuntes de Historia de la Filosofía en base a los Manuales de EUNSA y Herder, formateados con asistencia de IA