Naturaleza, origen y división de la filosofía antigua

La historia de la filosofía antigua constituye el punto de partida ineludible para cualquier investigación filosófica seria. Antes de examinar las doctrinas concretas de cada pensador, conviene detenerse en una pregunta preliminar: ¿qué es eso que los griegos llamaron filosofía, y en qué condiciones surgió? La respuesta a este interrogante no es meramente histórica sino que revela algo sobre la naturaleza misma del saber filosófico, que los griegos inauguraron con una radicalidad sin precedentes. Este primer capítulo presenta los fundamentos del estudio histórico que se emprendería en los capítulos siguientes.

El concepto griego de filosofía

El descubrimiento de la filosofía es atribuido, según el testimonio de Heraclides Póntico, a Pitágoras, quien interrogado sobre en qué arte se sentía más seguro respondió que no poseía ninguno, sino que era solo filósofo. Independientemente de la veracidad de esta narración, tanto el término como el concepto de filosofía fueron acuñados por el pueblo griego, rechazando así la opinión que sostiene su origen oriental. El estado actual de las investigaciones históricas confirma la paternidad griega de la filosofía.

Para Platón, la filosofía es búsqueda de la sabiduría, de una sabiduría que es en sí misma ilimitada, esto es, saber absoluto que solo compete a Dios; al hombre le corresponde su búsqueda, preguntarse e investigar por la totalidad de lo real. También para Aristóteles el saber filosófico tiene esa misma característica de totalidad, de pregunta sobre toda la realidad sin exclusión alguna, distinguiéndose así de las ciencias particulares, limitadas a explicar determinados sectores de ella. La filosofía no es, pues, una ciencia más entre las ciencias: es la ciencia que pregunta por el todo.

Junto a esta primera característica de totalidad, pueden señalarse otras dos que ayudan a delimitar el concepto griego de filosofía. La primera hace referencia a su método: la filosofía quiere ser explicación puramente racional de la realidad. No basta al filósofo constatar; necesita conocer las causas y razones, y por tratar su investigación de todo lo real, tales causas y principios deberán ser los primeros, aquellos de los que dependen todas las cosas. La segunda característica es su finalidad: la filosofía griega tiene un fin exclusivamente teórico, contemplativo. No persigue ninguna utilidad práctica, sino que busca el saber por el saber mismo, satisfacer el deseo natural de todo hombre por conocer. «Todos los hombres desean por naturaleza saber», escribe Aristóteles al inicio de la Metafísica.

El paso del mito al logos

Geográficamente, el nacimiento de la filosofía hay que señalarlo en la costa del Asia Menor, en las colonias griegas de Jonia. Fueron tres hombres de Mileto —Tales, Anaximandro y Anaxímenes— los primeros filósofos de quienes se tiene noticia. Antes de ellos, los poetas-teólogos —Homero, Hesíodo, los órficos— presentaban una explicación mitológica del universo; los jonios, en cambio, aunque conservando en parte elementos míticos, intentan una explicación racional. Esta diferencia es cualitativa, no meramente de vocabulario.

Lo que permite hacer de Tales el primer filósofo y lo distingue de los poetas-teólogos es que se mueve en un plano nuevo: el plano de la razón, no el del mito. Los poetas-teólogos transmitían la generación del cosmos mediante imágenes fantásticas y referencias a dioses personales. Los jonios, por el contrario, buscaban el principio (arjé) que explique racionalmente todo lo real. La pregunta ya no es «¿quién creó el mundo?» sino «¿de qué está hecho y por qué principio se sostiene?». Esta sustitución de la narración mítica por el argumento racional es lo que los historiadores llaman el paso del mito al logos.

La transición, sin embargo, no fue abrupta. Aristóteles señala que entre los poetas-teólogos y los jonios el camino fue lento y laborioso. Hay continuidades notables: la búsqueda de un principio unificador de todo lo real, la atribución de divinidad a ese principio y la convicción de que el cosmos tiene un orden inteligible. Lo genuinamente nuevo está en la exigencia de que ese orden sea demostrado racionalmente y no simplemente narrado. El tránsito del mito al logos es, en definitiva, el tránsito de la imaginación poética a la argumentación filosófica, sin que ello suponga necesariamente la eliminación de todo elemento religioso.

Períodos y fin del estudio histórico

La filosofía griega inicia su andadura en el siglo VI a.C. y la concluye en el año 529 d.C., cuando el emperador Justiniano prohíbe las enseñanzas paganas. En estos siglos de historia pueden distinguirse los siguientes períodos: el presocrático, caracterizado por el problema cosmológico; el humanista, con los sofistas y Sócrates, que trasladan el centro del interés al hombre; el período clásico, con Platón y Aristóteles; el helenístico, con epicureísmo, estoicismo y escepticismo; y finalmente el neoplatonismo, precedido por el platonismo medio y el neopitagorismo.

La filosofía alcanza con Platón y Aristóteles su madurez especulativa. Con ellos toman forma casi definitiva los diversos sectores del saber filosófico: metafísica, lógica, física, ética y política. El helenismo, en cambio, supone una reducción de la filosofía a ética práctica: ya no se trata de buscar la verdad por amor a la sabiduría, sino de encontrar un camino para vivir felizmente. El neoplatonismo recupera la dimensión especulativa pero con una fuerte coloración religiosa que prepara el terreno para el encuentro con el pensamiento cristiano.

El fin del estudio histórico de la filosofía, tal como lo formula santo Tomás de Aquino, no es saber qué pensaron los hombres, sino de qué modo alcanzaron la verdad de las cosas. Esta orientación impide caer tanto en el clasicismo que convierte la filosofía antigua en un conjunto de dogmas intocables, como en el historicismo que la reduce a un momento superado del pensamiento humano. La historia de la filosofía debe afrontarse convencidos de encontrar en ella verdades que el paso del tiempo no puede invalidar, así como errores cuyo conocimiento resulta igualmente útil. El método correcto es, como señalaba Aristóteles, una tarea colectiva: de todos reunidos se forma una magnitud apreciable.

Conclusión

La naturaleza de la filosofía griega —racional, total y contemplativa— explica tanto su novedad histórica como su permanencia. El paso del mito al logos no fue una ruptura repentina sino un proceso gradual que cristalizó en las costas jónicas y se desarrolló durante más de diez siglos. La periodización trazada en este capítulo —presocráticos, humanismo, Platón y Aristóteles, helenismo, neoplatonismo— ofrece el mapa que orientará el recorrido de los dieciséis capítulos que siguen. Cada período representa no solo una etapa cronológica sino una profundización o un desplazamiento del problema central: ¿cuál es el principio de todo lo real? El próximo capítulo aborda las primeras respuestas a esa pregunta, formuladas por los filósofos jonios de Mileto.

Apuntes de Historia de la Filosofía en base a los Manuales de EUNSA y Herder, formateados con asistencia de IA